El debate (ontológico) de los géneros

Últimamente se ha puesto de moda el debate sobre el género, especialmente su cantidad e identidad. Algunos dicen que sólo hay dos (macho y hembra) determinados biológicamente (los hombre tienen XY, mientras que las mujeres, XX). Otros, proponen que “hombre” y “mujer” son inventos de la sociedad, por lo que uno pudiera decidir comportarse como uno u otro; incluso, pudieran inventarse más (poniéndolo en un continuo fluido donde uno sería más hombre o más mujer, o “ambiguos”, o “trans”…). ¿Quién tiene la verdad? Ambos.

Tanto los biologicistas como los construccionistas proponen teorías lógicas y evidentes. Los primeros trabajan con las diferencias anatómicas correspondientes a la presencia de cromosomas XX ó XY, siendo los genitales lo más paradigmático. Esto es así en todas partes del mundo, salvo excepciones muy raras; sería innegable. Pero, si esto es tan obvio e innegable, ¿qué proponen los otros? Que ser “hombre” o ser “mujer” depende de la cultura; por ejemplo, en la estereotípica nuestra, el hombre sería la persona fuerte física y emocionalmente que sustenta a la familia, a quien controla. En otra cultura, ser “hombre” pudiera significar todo lo opuesto (de hecho, ¿qué tanto de eso hacen los “hombres” de ahora?); incluso, hay culturas que tradicionalmente han aceptado más géneros. Esto también es obvio e innegable. Así, tanto los biologicistas como los construccionistas tienen la verdad. ¿Pero cómo?

No sé si ven, pero el problema es que ¡están discutiendo sobre cosas completamente diferentes! Pidiendo pizza uno pregunta “¿De jamón?” y el otro responde, “No, de masa gruesa”. Los biologicistas y los construccionistas no tienen nada que ver porque manejan diferentes ontologías (pensamientos sobre lo que hay). Para los primeros, lo que hay es un organismo, genética, universalidad, lo objetivo, lo natural; para los segundos, una cultura, lenguaje, particularidad, lo subjetivo, lo construido. Así, no es paradójico que estas dos posiciones tan diferentes sean las dos verdad, cuando lo único que tienen en común es las palabras “hombre” y “mujer”, porque ambos hablan de cosas completamente diferentes.

P.S.: Como podrán ver, la imagen de cabecera es errónea. No se trata de lo que está en la mente de la persona, sino en el lenguaje y la cultura. Son estos elementos sociales los que ofrecen géneros, que luego se pueden adoptar. El género no nace del individuo, sino que tanto género como individuo nacen de una cultura.

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